LA CASA AMATLLER
Santiago Alcolea i Blanch

A finales del siglo pasado, los ideales catalanistas de la Renaixença ya habían sido plenamente asumidos por la alta burguesía barcelonesa. Estos ideales tuvieron una clara traducción en unas formas artísticas y arquitectónicas que corresponden, esencialmente, al Modernismo. Fue posiblemente Josep Puig i Cadafalch (1867-1957) quien con motivo de su condición simultánea de político, historiador deI arte y arquitecto, llegó a ser uno de los hombres más conscientes de las estrechas relaciones existentes entre las artes y la manifestación de un concepto de sociedad.

Sus ideas respecto a esto las expuso, con gran claridad, en la introducción de un pequeño libro, que recogía dibujos y fotografías de su obra arquitectónica, que presentó en el VI Congreso Internacional de Arquitectura celebrado en Madrid deI 6 al 14 de abril de 1904. Allí expone que en Cataluña, una vez recuperada a mediados deI siglo XIX la vitalidad perdida desde los tiempos medievales, se había creado,

“(...) un art modern prenant pour base notre art traditionel, orné des beautés des matériaux nouveaux, résolvant avec l'esprit rationel de notre art ancien les besoins du jour (...)” Señalaba las distancias entre este estilo modernista y otros estilos coetáneos, como el Art nouveau centroeuropeo, o inmediatamente precedentes, como el Neorrománico o el Neogótico. Anadía que “Cette oeuvre esl le fruit d'un travail collectif, (...) de maîtres et d'élèves, fortifié par une renaissance líttéraire et historique qui lui a permis de faire pénétrer la lumière de l'art jusque dans les ateliers des métier, qui, avec l'architecture, ont ressucité... ...pour coopérer à notre oeuvre artistique.“ Para acabar manifestando el sentido de este “(...) art modeme historique de Ia Catalogne, que nous formons entre tous, (...) comme symbole d'une heure de splendeur de notre époque.”

 

Fue en un periodo como éste, de identificación generalizada con los sentimientos nacionalistas cuando, en 1898, el industrial chocolatero Antoni AmatlIer (1910) compró una casa en el Passeig de Gràcia de Barcelona para trasladar alIí su vivienda. Se trataba de un edificio parecido a muchos de los construidos a finales del siglo pasado en el Eixample, sin ningún interés especial. EI nuevo propietario encargó a Puig i Cadafalch que lo remodelara extensamente (fue Ia primera intervención de Ia que sería conocida como Ia «manzana de Ia discordia» ) según su concepto arquitectónico, que ya debía serle familiar por obras como Ia Casa Martí, es decir «Els Quatre Gats» (1895-1896).

La actuación de Puig i Cadafalch afectó fundamentalmente a la fachada, el vestíbulo, el piso principal y los desvanes, recalcando en todo momento la negación del estilo clasicista de la arquitectura oficial y centralista, de modo que casi podría hablarse de una especie de manifiesto político mediante la arquitectura. Para conseguirlo buscó los efectos compositivos derivados de los sistemas de construcción orgánica, propios de los tiempos medievales en los que las artes catalanas brillaron con especial intensidad. Sin embargo, hay que señalar que este efecto lo consiguió gracias a la existencia de un esquema muy estudiado, sobre la base de un canon que fijó con precisión la situación de todos y cada uno de los elementos integrados en el conjunto. Asimismo, debe considerarse en este sentido la gran variedad de materiales empleados (piedra de Montjuïc, mármoles, maderas, hierro, bronce, estuco esgrafiado, cerámicas, vidrio de colores emplomado), materiales que fueron trabajados por los respectivos artistas y artesanos, todos ellos excelentes profesionales.

En la fachada empezó por modificar totalmente la distribución de puertas y ventanas, rehuyendo la alineación vertical de los vacíos: en el primer piso hay cinco aberturas, en el segundo hay cuatro, en el tercer piso hizo una línea corrida de trece ventanas, que recuerda Ias galerías de remate de muchas fachadas civiles góticas, en el cuarto abrió seis ventanas y en el quinto, correspondiente a los desvanes con cubierta a dos vertientes, una única ventana trigeminada.

También introdujo diversos elementos para romper la simetría del conjunto. Desplazó la puerta principal del lado izquierdo, dividiéndola en dos, una grande para carruajes y una pequeña para personas (la puerta a la derecha de la fachada, debajo de la tribuna, corresponde a una intervención realizada en una fecha muy posterior). De todas formas, Puig i Cadafalch mantuvo un equilibrio compositivo, introduciendo en la parte derecha de la fachada la tribuna dei primer piso y un contrapunto conformado por el pequeño balcón de hierro en la parte izquierda deI segundo piso.

Ya en el interior, en la planta baja, el desplazamiento de la puerta le obligó a replantear el acceso a las escaleras, que originalmente coincidía con el eje longitudinal central. Puig i Cadafalch eliminó uno de los locales comerciales (el del lado izquierdo) y lo reconvirtió en vestíbulo. Para dar regularidad a este espacio tuvo que sustituir una pared de carga por dos columnas de piedra de gran diámetro, sobre las que reposan tres arcos, uno de ellos acabado en un capitel colgado. También encontramos en el vestíbulo el primer ejemplo de la habilidad del arquitecto en aprovechar la luz, debidamente matizada mediante vidrieras de colores e iluminaciones indirectas, con el fin de acentuar los valores plásticos del espacio.

En el piso principal la intervención de Puig i Cadafalch y de todo su equipo de colaboradores fue extensa y muy cuidada. Las esculturas se adaptaban a cualquiera de los posibles espacios: capiteles, marcos de Ias puertas, chimenea... En los suelos, encontramos muy diferentes soluciones: mosaicos de tipo romano, complicados parquets e, incluso, en el comedor, una habilísima utilización de baldosas de mármol branco con un dibujo rebajado y esmaltado en azul, combinadas con tiras de mármol color salmón. En las paredes hay diversidad de antepechos, de cerámica de cuerda seca, de mármol y de marquetería, mientras que en las partes superiores se conjugan estucos y diversas calidades de telas. Los techos presentan idéntica riqueza de combinaciones, con artesonados; vigas de madera policromadas y estucos esgrafiados o pinturas ornamentales al temple; pequeñas vigas de hierro policromadas por la cara inferior y revestidas lateralmente de baldosas. El mobiliario y las luces también fueron diseñados expresamente para la casa, diversificando sus formas en función de los respectivos ambientes. Y, acabando de unirlo todo, como en el vestíbulo, la luz hábilmente matizada por los vidrios, emplomados y jugando con los puntos de procedencia y las diferentes intensidades.

Finalmente, es necesario destacar el tratamiento dado a los desvanes, donde Antoni Amatller, fotógrafo amateur, instaló su laboratorio. Es una gran sala bajo el tejado a dos aguas, con un envigado de estilo británico o noreuropeo y unas claraboyas que le confieren un carácter muy especial.

Después de la muerte de Antoni Amatller, la casa pasó a ser propiedad de su única hija, Teresa (1867-1960), que durante toda su vida residió en la casa familiar. Alrededor de 1935 se lIevaron a cabo algunas reformas en el interior del piso principal de la Casa Amatller, afectando principalmente a lo que había sido dormitorio de Antoni Amatller, el dormitorio y vestidor de la propia Teresa y un conjunto de dos habitaciones y cuarto de baño destinadas a invitados. Aparte de estas modificaciones y de las derivadas de la instalación renovada de la colección de vidrios y pinturas de los Amatller, la casa continuó, esencialmente, tal como la habra estructurado Puig i Cadafalch.

Ahora bien, Teresa Amatller no se casó nunca y tampoco tenía familia próxima. Una de sus preocupaciones era la suerte que correrían la casa construida por su padre y la colección que habían reunido, una vez ella faltara. Aconsejada por Josep Gudiol i Ricart (1904-1985), creó en 1942, la fundación Institut Amatller d' Art Hispànic, a la que encomendó la tarea de velar por la casa y por las obras de arte que en ella se conservan, después de su muerte. En 1960 la fundación se hizo cargo de esta herencia y estableció su sede, con la biblioteca y la fototeca especializadas -que desarrollan la principal actividad de esta entidad-, en el piso principal de la Casa Amatller. Esto comportó la redistribución de gran parte del mobiliario, para dejar espacio a las librerías necesarias para las nuevas funciones que el piso debía asumir. Los muebles que no eran compatibles con el funcionamiento de la biblioteca fueron cedidos al Museu d' Art Modern de Barcelona, junto con varios de los modelos de yeso originales de Eusebi Arnau para elementos escultóricos de la casa.

De todas formas, hay que tener muy en cuenta que esta reforma de 1960, aunque muy evidente, no afectó en absoluto a la estructura de la planta noble del edificio.

Santiago Alcolea i Blanch I. Puig i Cadafalch. Josep. L 'oeuvre de Puig i Cadafalch, architecte; 1896-1904. M. Parera, éditeur, Barcelona. 1904.