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¿Hacia
dónde va Irak?
¿Guarda alguna relación con ese Irak "democrático y libre" que se anunció a bombo y platillo en la Cumbre de las Azores? ¿Cuál es el papel que se reserva en este proyecto a los chiítas y a los kurdos, principales víctimas de las atrocidades del capturado sátrapa? ¿Se avanzará hacia un modelo de Estado federal, a pesar de la resistencia mostrada por los Estados vecinos? ¿Acaso se pretende prolongar de manera interesada la actual situación para garantizar el cumplimiento del oráculo de George W. Bush: "La transición de la dictadura a la democracia llevará su tiempo"? De lo que no hay duda es de que nos encontramos ante un momento crucial para el futuro de Irak y los permanentes ataques de la insurgencia han puesto en evidencia la necesidad de acelerar el traspaso de poderes a un gobierno iraquí. El actual Consejo de Gobierno transitorio, nombrado a dedo por el procónsul Paul Bremer, no ha conseguido ganarse el respaldo de la población al ser percibido, de manera acertada o equivocada, como un instrumento más de las tropas de ocupación. Esto a pesar de contar con la representación de todas las confesiones y etnias del país (14 chiítas, 4 sunitas, 5 kurdos, 1 turcomana y 1 asirio), repartición de poder que, más que fomentar la reconciliación nacional, se inscribía más bien en las más rancias dinámicas coloniales, consistentes en sobredimensionar las diferencias étnicas y religiosas para romper la cohesión interna. Es importante recordar esta circunstancia porque la futura Asamblea Constituyente que designará el próximo gobierno podría ser una prolongación de este curioso Consejo de Gobierno que, dicho sea de paso, no gobierna, ya que todas las decisiones recaen sobre la Autoridad Provisional que dirige Bremer. Dicha Asamblea, que gozará de poderes legislativos, será elegida por un consejo de notables y no en el curso de unas elecciones directas, libres y democráticas. De esta manera se pretendería reproducir el esquema empleado en Afganistán, donde en lugar de instaurar la democracia se ha reforzado el tribalismo; es la Loja Jirga la que adopta las decisiones importantes reemplazando la voluntad popular. Los estrategas americanos no han reparado en que la situación de Irak tiene poco o nada que ver con la de Afganistán. Ante esta situación es normal que empiezan a oírse voces críticas como la del ayatollah Ali Sistani, líder espiritual de la población árabe chiíta, quien reclama la inmediata celebración de elecciones. Mediante esta maniobra pretendería que los chiítas consiguiesen una representación política proporcional a su importancia demográfica (y representan el 60% de la población). El ayatollah no desea que Estados Unidos, como hiciera Gran Bretaña en 1920, margine a los chiítas para favorecer a otros grupos étnicos o religiosos, y es por esta razón por la que en los últimos días ha sacado a las calles de Bagdad a decenas de miles de personas para defender sus posiciones (no en vano el lema más repetido fue "sí a las elecciones"). Si bien en la actualidad parece poco probable que los estadounidenses pretendan favorecer a los árabes sunnitas, sí es evidente que los kurdos son los principales beneficiarios de la actual situación. Desde el fin del régimen baazista, los kurdos no sólo han conseguido mantener la autonomía de la que disfrutaban desde 1991 sino que además han logrado extender su autoridad más allá del paralelo 36º. En el caso de que los 'peshmergas' lleguen a controlar Kirkuk, región con grandes reservas petrolíferas, los kurdos gozarían de una independencia económica como antesala de la política. Es por ello por lo que los kurdos aspiran a que Irak sea un Estado federal en el que mantengan los privilegios conquistados en la última década. ¿Qué ganaría la Administración de Bush con esto? Estados Unidos crearía una alianza indestructible con los kurdos iraquíes que les permitiría disponer de una plataforma desde la cual controlar una zona de gran importancia geoestratégica donde se entrecruzan Irak, Siria, Irán y Turquía. Además se saldaría una cuenta con la historia y se cumpliría -eso sí, con noventa años de retraso- la promesa de Woodrow Wilson. En 1914, poco después de iniciarse la primera guerra mundial, el presidente norteamericano prometió en sus célebres Catorce Puntos la autodeterminación a los pueblos dominados hasta entonces por los otomanos. El derecho de los kurdos a la independencia en la Anatolia oriental incluso llegó a ser reconocido por el tratado de Sèvres de 1920. No obstante, el tratado de Lausana traicionó estas promesas ante las presiones ejercidas por Gran Bretaña y Turquía, países que consideraban que un Estado kurdo amenazaría la estabilidad de la zona. El calendario electoral en Estados Unidos manda, y el procónsul Bremer ha recibido el encargo de acelerar el traspaso de poderes que deberá hacerse a lo más tardar en verano. Es normal que se quiera dejar todo bien atado en las próximas semanas para que el Irak post-Sadam no se desvíe un ápice de los parámetros establecidos por la Casa Blanca. El tiempo se agota en Irak y es importante que se empiecen a adoptar decisiones de calado, pero las prisas nunca han sido un buen consejero. La adopción de ciertas decisiones, vitales para el futuro del país árabe, con demasiada premura podría provocar nuevos errores de cálculo como los cometidos en la posguerra. En el caso de que los chiítas y los kurdos consideren que no se atienden sus aspiraciones, algún día podrían sumarse a la insurrección árabe sunní creando un escenario tremendamente delicado. Unos y otros no consideran lógico dilatar por más tiempo la actual situación, a no ser que se pretenda, de manera deliberada, prolongar la inestabilidad iraquí para justificar el mantenimiento de la presencia militar extranjera en el país. Ignacio Álvarez-Ossorio es profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante y colaborador de Bakeaz. Es autor del libro 'El miedo a la paz. De la guerra de los Seis Días a la segunda Intifada' (Madrid, 2001) y editor de 'Informe sobre el conflicto de Palestina. De los Acuerdos de Oslo a la Hoja de Ruta' (Madrid, 2003) (ialvarez@bakeaz.org). ©
Ignacio Álvarez-Ossorio, 2004; © Bakeaz, 2004. |