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¿Por
qué Siria?
Pero mientras Egipto recuperó el Sinaí años más tarde como resultado de los Acuerdos de Camp David, Siria vio cómo el Golán, un territorio de gran valor estratégico y con considerables recursos hídricos, era anexionado oficialmente a Israel en 1981 y sometido a una intensa colonización (en la actualidad alberga a 15.000 colonos distribuidos en 35 asentamientos). En todas y cada una de las negociaciones desarrolladas hasta el momento, Damasco ha venido insistiendo no sólo en la necesidad de que cualquier solución pasa por la completa retirada del Golán y su devolución íntegra, sino también en la necesidad de que se mantenga una 'paridad estratégica' entre Israel y Siria, las dos principales potencias regionales. Sin embargo, desde la interrupción de las negociaciones de paz entre Tel Aviv y Damasco, el escenario ha cambiado de manera radical. Bashar al-Asad, nuevo presidente del país tras la desaparición de su padre, no puede ahora insistir como antaño en la reclamación de un equilibrio hegemónico con Israel, la gran beneficiada por la desaparición de la Unión Soviética, la firma de los Acuerdos de Oslo, el 11-S y, por último, la ocupación angloamericana de Irak. De hecho, Siria está acosada por tres de sus cuatro costados. Desde que en 1996 Israel y Turquía concluyesen un Acuerdo de Cooperación Militar Aérea, las fuerzas aéreas israelíes pueden realizar maniobras militares sobre la península de Anatolia y emplear las bases turcas para almacenar su armamento. Ankara, por su parte, ha recurrido con frecuencia a la utilización política de las aguas del Éufrates, que nacen en suelo turco pero que riegan las zonas norteñas del país árabe, y que son indispensables para la buena salud de la agricultura siria, que emplea al 25% de la población. A esta presión se une ahora el control norteamericano de Irak y su campaña contra el régimen de Damasco, al que considera responsable de la constante infiltración de guerrilleros árabes a Irak y del sostén a las organizaciones armadas palestinas que todavía se oponen a los planes anexionistas de Sharon. No está de más recordar que en Siria, como en Irak, también una minoría -en este caso los alawíes, que apenas representan un 10% de la población- gobierna sobre una mayoría -los musulmanes sunníes: un 70%-, y que también el partido que monopoliza el poder desde hace cuarenta años es el Ba'z, hoy ilegalizado en territorio iraquí por orden del procónsul Paul Bremer. Por si esto no fuera suficiente, Israel viene presionando al Congreso americano desde mediados de los noventa para que saque adelante la Syrian Accountability Act, una especie de ley Helms-Burton como la vigente en Cuba que impondría sanciones económicas a las empresas norteamericanas con intereses en Siria. El mensaje parece ser claro para quien lo quiera entender. Israel puede lanzar ataques preventivos contra los que considera sus enemigos en la región: Siria, Líbano e Irán, además de los propios palestinos. Con esta actitud emula a Estados Unidos, su más fiel aliado desde la creación del Estado hebreo en 1948. Además de Siria, el destinatario final de este ataque es Irán, país que no comparte fronteras con Israel ni tampoco mantiene ningún tipo de disputa territorial, pero que alienta a los grupos islamistas palestinos y libaneses e intenta desarrollar un ambicioso programa nuclear, pretendidamente para uso civil. En realidad, como decía en un reciente editorial 'Abd al-Bari 'Atwan, director de uno de los más influyentes diarios árabes -''Al Quds al-'Arabi'-, Siria "es el más fácil de los objetivos para Sharon, que sabe que la Siria de hoy no es la misma que la Siria de hace veinte o treinta años, al igual que la situación actual del mundo árabe no es la misma que la existente el 6 de octubre de 1973. Por eso Sharon ha enviado sus aviones para que bombardeen los barrios del norte de Damasco, ya que está completamente seguro de que no se producirá ninguna respuesta militar siria, pues los aviones de guerra sirios están en los hangares y los misiles sirios es mejor que se queden en sus almacenes". De lo que no cabe duda es de que Siria, a pesar de sus elevados gastos militares, que rondan el 6% del PNB, está lejos de constituir una amenaza militar para el todopoderoso Israel, que disfruta de tecnología punta americana. El sueño de la paridad militar perseguido antaño ha dejado paso al no más realista de la paridad estratégica. De esta manera, Siria, al igual que Israel con Jordania y los territorios ocupados palestinos, buscaría disponer de su propia órbita de influencia en Líbano, país que tutela desde el fin de su guerra civil hace un docena de años. Ignacio Álvarez-Ossorio es profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante y colaborador de Bakeaz. Es autor del libro 'El miedo a la paz. De la guerra de los Seis Días a la segunda Intifada' (Madrid, 2001) y editor de 'Informe sobre el conflicto de Palestina. De los Acuerdos de Oslo a la Hoja de Ruta' (Madrid, 2003) (ialvarez@bakeaz.org). ©
Ignacio Álvarez-Ossorio, 2003; © Bakeaz, 2003. |