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Del
petróleo al hidrógeno
Existe una demanda de petróleo creciente que va a dar lugar, si se mantienen los precios, a un incremento del consumo del 50% para 2020. Como los descubrimientos de nuevos yacimientos están descendiendo desde 1962, en este momento se están consumiendo dos barriles por cada barril nuevo descubierto. Esta proporción se irá ampliando en la medida en que suba el consumo y se sigan ralentizando los nuevos descubrimientos. Como los yacimientos fuera del golfo Pérsico se están explotando muy rápidamente, su capacidad suministro va a alcanzar su límite en la presente década, y a partir de entonces las reservas de petróleo se concentrarán aún más en el golfo Pérsico (que ya suponen el 70%, según la Unión Europea), lo que incrementará la cuota de mercado controlada por la OPEP y su capacidad para fijar los precios. Los incrementos de precios derivados de esta situación se van a ver reforzados por la escala de los costes de extracción, al encontrarse los nuevos yacimientos en lugares cada vez menos accesibles. Exxon estima que es necesaria una inversión de un billón de dólares para satisfacer la demanda en 2010. Estas tendencias alcistas en los precios se van agudizar en el momento en que se alcance una escasez absoluta. Aunque no hay unanimidad, cada vez son más los expertos que estiman que la extracción de petróleo alcanzará su techo entre 2010 y 2020. Lo mismo opina la Agencia Internacional de Energía y la OCDE. Ante este panorama, la posición de la Unión Europea resulta particularmente delicada. De seguir las tendencias actuales, su dependencia energética va a pasar del 50% actual al 70% para 2020-2030 (para el petróleo será del 90%), debido al incremento de la demanda y al agotamiento de los recursos comunitarios (el gas natural y el petróleo del mar del Norte) en las dos próximas décadas. Además, preocupa la dependencia de países suministradores inestables: "dependencia centrada en Oriente Medio para el petróleo y en Rusia para el gas natural". La Comisión Europea ve una clara solución a este problema: "sólo los recursos renovables de alta tecnología pueden limitar la tendencia hacia una dependencia cuantitativa energética creciente". Pero esta solución no es hipotética; es una realidad que se confirma día a día. Estamos entrando en una revolución energética. Esto lo afirman incluso algunas de las mayores empresas petroleras. Jeroen van der Veer, director gerente de Shell, declara que "estamos siendo testigos de un cambio histórico que va del petróleo al gas y de éste a las formas renovables de energía". El modelo energético emergente se basa, sobre todo, en la producción eléctrica renovable y en el uso del hidrógeno como combustible (producido a partir de la electricidad de origen renovable), asociado a la tecnología de células de combustible. Prodi ha declarado recientemente que desea ser recordado como el presidente de la ampliación hacia el este y del desarrollo de la economía del hidrógeno. En los cinco años que van de 1998 a 2002 se ha incrementado la potencia eólica instalada a un ritmo medio del 35% anual en la Unión Europea. En Dinamarca esta fuente energética aporta ya el 20% de la electricidad consumida. La potencia total instalada en la Unión Europea supera los 23.000 MW, por lo que el objetivo comunitario de 40.000 MW en 2010 se verá ampliamente superado. Las consultoras del sector estiman que se alcanzarán los 85.000 MW. La utilización masiva de la energía eólica y los consiguientes avances tecnológicos han dado lugar a una fuerte disminución de costes (desde 35 a 5 céntimos de euro por kilovatio hora en las décadas de los ochenta y noventa en Europa), lo cual supone que los costes de los mejores parques estén por debajo de los costes medios del sector. Las ventas de paneles fotovoltaicos han venido creciendo en el mundo al ritmo anual del 20% en la década de los noventa. En la Unión Europea el crecimiento medio anual es del 30%, pero Alemania tiene el 80% de la potencia instalada. Los costes se han reducido por un factor superior a 2,5 en la última década y se espera que, para mediados de esta década, las importantes inversiones en innovación que se están produciendo den lugar a cambios tecnológicos radicales (utilización de células de silicio amorfo, de plástico, etc.) que generen reducciones de costes mucho más rápidas y permitan su producción en masa. Se producen cada año aproximadamente 400.000 millones de metros cúbicos de hidrógeno, lo que supone un potencial energético equivalente al 10% del petróleo consumido. La mayor parte es producido y utilizado por la industria petroquímica y por la de abonos nitrogenados. Además, se emplea en la industria espacial. Normalmente se obtiene a partir del metano, pero para muchos la técnica más prometedora es la electrólisis del agua, aunque sólo el 4% del hidrógeno se produce con esta técnica. Que el hidrógeno se produzca a partir de electricidad de origen renovable es un requisito de sostenibilidad: "El binomio hidrógeno y electricidad constituye un concepto verdaderamente sostenible, cuando es utilizado en conjunción con recursos energéticos primarios sostenibles" (Comisión Europea). La célula de combustible es "la tecnología más prometedora de usar el hidrógeno para producir electricidad" (Comisión Europea). El Hydrogen Fuel Cell Institute estima que para 2005 las células de combustible producirán electricidad a 5 centavos de dólar por kilovatio hora. Se están aplicando en dos campos: para propulsar vehículos y para producir electricidad en instalaciones fijas. En este momento la mayor parte de las grandes empresas de energía, de automoción y de electrónica y los miles de empresas del hidrógeno, están invirtiendo decenas de miles de millones de dólares en diferentes proyectos de desarrollo de la llamada Infraestructura del Hidrógeno. Japón, Alemania, California, etc., están impulsando ambiciosos planes de desarrollo. El gobierno estadounidense acaba de anunciar que dota con 1.200 millones de dólares adicionales un programa anterior de desarrollo de células para vehículos de 500 millones. El VI Programa Tecnológico de la Unión Europea (2003-2006) convierte el hidrógeno en una de sus líneas de trabajo más importantes. Los analistas coinciden en que existe un mercado potencial enorme para las células de combustible fijas. Se están produciendo múltiples alianzas entre las empresas productoras de células (Ballard, Plug, Toshiba, International Fuel Cells, Daimler-Chrysler, etc.) para comercializar de forma masiva células fijas en viviendas y centros comerciales. La utilización de las células de combustible en la automoción es la que está acaparando gran parte de la inversión y en la que están involucradas todas las empresas importantes del sector y gran cantidad de empresas energéticas. General Motors estima que los automóviles con células de combustible pueden llegar a costar cerca de la mitad que los convencionales. Esta compañía ha dado un giro espectacular a su política, desde el escepticismo hasta pretender convertirse en líder de vehículos con células. Ford los considera el Ford T del siglo XXI. La idea dominante es que estos vehículos se desarrollarán en tres fases a lo largo de esta década. En la primera se fabrican pequeñas series (de no más de 30 unidades) de vehículos de prueba. Desde finales de 2002 algunas compañías vienen produciendo vehículos que están siendo alquilados a instituciones públicas, institutos de investigación, compañías energéticas, etc. En la segunda fase, que comenzará en torno a 2006, se desarrollará una segunda generación de células y se comercializarán pequeñas cantidades de vehículos. La tercera fase, a finales de la década, supondrá el inicio de la producción en masa. Es indudable que aquellas empresas y países que apuesten por seguir con el modelo energético tradicional van a encontrarse (aparte de ampliar su contribución al cambio climático) con crecientes problemas de costes y de seguridad de suministros y al margen de los mercados emergentes de la energía y de la automoción. Los que opten por el nuevo modelo harán una contribución inestimable a la paz y al bienestar sostenible de la humanidad. Roberto Bermejo es profesor de la UPV/EHU y miembro de Bakeaz (rbermejo@bakeaz.org). ©
Roberto Bermejo, 2003; © Bakeaz, 2003. |