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Semestre español en la UE
Joaquín Arriola


La Unión Europea se fijó en la Cumbre de Lisboa de 2000 un objetivo estratégico: el desarrollo de la sociedad de la información y un nuevo liderazgo científico y tecnológico europeo. También se había dotado de un objetivo político: lograr en un lustro la ampliación de la UE hacia el Este de Europa. Por otro lado, la desconfianza de los ciudadanos en la construcción de la Unión y las protestas sindicales pusieron sobre la mesa la necesidad de iniciar el camino de la Europa social.

¿Qué avances se han producido en el semestre de la presidencia española de la UE en estos tres pilares de la Europa del futuro? Ninguno.

En la Cumbre de Barcelona se escamoteó el debate de la agenda social y, fiel a su ideología neoliberal, el presidente Aznar pretendió sustituirla por una nueva vuelta de tuerca en el proceso de privatización de bienes públicos. El objetivo fracasó ante la oposición de Francia, renuente a entregar el capital energético acumulado por todos los franceses a cuatro o cinco bancos ansiosos por especular con la energía francesa.

Como los países de la UE tampoco han sido capaces de concertar un nuevo reparto de los recursos comunitarios con vistas a la ampliación, y como Alemania no está dispuesta a pagar un euro más por ella, a Aznar no se le ocurrió nada mejor que sustituir en la Cumbre de Sevilla la discusión sobre la ampliación por el toque a rebato ante el 'peligro inminente' de la invasión de los bárbaros del sur. Y cosechó un nuevo fracaso, ante la oposición de Suecia, Luxemburgo y Francia a identificar seguridad con recorte de derechos cívicos universales en suelo europeo.

De la sociedad de la información no se ha hablado gran cosa durante este semestre, adornado de paso con el broche final de una huelga política general (¿es que acaso pueden existir huelgas generales apolíticas?), a pesar de que el presidente Aznar y sus ministros cerrasen los ojos y se tapasen los oídos, confiando en que lo que (ellos) no perciben, no existe.

Pero que nadie se llame a engaño: si Aznar pasa por la presidencia de Europa con muchas penas y sin ninguna gloria, ello no impide que sus posibilidades para convertirse en el primer presidente de los Estados Unidos de Europa sean cada vez mayores; según el principio de Peter (uno asciende en cualquier jerarquía hasta el puesto en el cual puede demostrar una incompetencia total), puede incluso que lo consiga.

Joaquín Arriola es profesor de Economía de la UPV/EHU e investigador de Bakeaz (jarriola@bakeaz.org)

© Joaquín Arriola, 2002; © Bakeaz, 2002.
Publicado en El Correo, 1 de julio de 2002.