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Bush y la cuestión palestina
Ignacio Álvarez-Ossorio


El esperado discurso de George W. Bush sobre Oriente Medio ha quedado en agua de borrajas. El presidente norteamericano se ha limitado a repetir por enésima vez en los últimos meses que la solución del conflicto palestino-israelí pasa por la creación de un Estado palestino que conviva pacíficamente con Israel, pero ha puesto tal cantidad de condiciones que dicho Estado difícilmente verá la luz en los próximos años o incluso décadas. En opinión de Bush, solamente cuando el pueblo palestino tenga "nuevos líderes, nuevas instituciones y nuevos acuerdos de seguridad con sus vecinos, Estados Unidos respaldará la creación de un Estado palestino con unas fronteras y una soberanía provisional". Según este enfoque, los palestinos deben erigir una economía de mercado, democratizar sus estructuras de gobierno y combatir el terrorismo para hacerse merecedores de dicho Estado.

Para comprender hasta qué punto se identifican los discursos norteamericano e israelí basta con prestar atención a la terminología empleada por el presidente norteamericano. Bush considera el terrorismo palestino, y no la ocupación israelí, como el principal responsable de la delicada situación que vive la región. Hasta en 18 ocasiones se refirió al terrorismo palestino que ha provocado la muerte de 550 israelíes, mientras que no mencionó ni una sola vez las más de 2.000 víctimas palestinas caídas como consecuencia de la violencia indiscriminada desplegada por las tropas de ocupación y por los grupos de colonos que cumplen funciones paramilitares. También incidió en la necesidad de preservar la seguridad de Israel (por siete veces consecutivas), mientras que en ningún momento consideró que los palestinos, cuyos territorios son asediados, sus hogares destruidos y sus cosechas arrasadas, necesitasen seguridad alguna para afrontar su futuro. Pero lo más alarmante quizás fue la ausencia de referencias a la legalidad internacional, reconociendo de esta manera que en Oriente Medio continuará imperando, como en los últimos años, la ley de la selva.

Hasta tal punto sintoniza el discurso de Bush con los planteamientos de Sharon que los comentaristas políticos israelíes lo han aplaudido unánimemente. El periodista Nahum Barnea ha escrito en el influyente 'Yediot Ahronot': "la boca que lo ha pronunciado ha sido la del presidente Bush, pero la mano que ha escrito el discurso ha sido la de Ariel Sharon […]. Si los últimos dos años han asesinado los Acuerdos de Oslo, el discurso de Bush los ha condenado a los anales de la historia".

Solamente de esta manera puede comprenderse la insistencia en la creación de "un liderazgo palestino nuevo y diferente para que un Estado palestino pueda nacer", así como la edificación de "una democracia efectiva basada en la tolerancia y la libertad". Todo ello sin formularse ninguna referencia a la asfixiante ocupación militar de las ciudades autónomas y al toque de queda actualmente vigente, que, además de condenar en vida a toda la sociedad palestina, representan la tan anunciada muerte definitiva del proceso de Oslo. En el caso de que lograran cumplir todas las obligaciones que la administración de Bush les impone, se ofrece a los palestinos, como ya ocurriera en 1993 tras firmar los Acuerdos de Oslo, la ayuda del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, de Estados Unidos y de la Unión Europea para "aliviar el sufrimiento palestino", y la creación de un Estado provisional sin fronteras.

Como contraprestación a su implicación en el errático y tormentoso proceso de Oslo, que pretendidamente les debería haber conducido a la independencia, los palestinos únicamente han obtenido la fragmentación de sus territorios, la destrucción de las estructuras autonómicas, la ruina de su economía y la subordinación de sus reivindicaciones nacionales a la efectividad de su lucha contra el terrorismo. Tras el vaticinado fracaso de la 'pax americana', los palestinos aparecen como únicos perdedores que han de ofrecer sacrificio tras sacrificio: primero la reforma en profundidad de una Autoridad Nacional Palestina que ha dejado de existir sobre el terreno, segundo la liquidación política de Arafat y, por último, la persecución de todos aquellos que discrepen de este 'nuevo desorden' que Israel, con el beneplácito de Estados Unidos, pretende imponer.

El discurso únicamente puede interpretarse como una victoria del ala dura de la administración de Bush, representada por el Pentágono y el vicepresidente Dick Cheney. Es también una derrota para todos aquellos que en las últimas semanas habían apostado por la celebración de una Conferencia Internacional de Paz, incluido el Departamento de Estado norteamericano, para abordar la preocupante situación que se vive en la zona. También la Unión Europea, que cerró la Cumbre de Sevilla con una declaración en la que daba su respaldo a la celebración de dicha conferencia con el propósito de alcanzar una solución política a la crisis y establecer un calendario realista para la creación de un Estado palestino. Al contrario de lo esperado, la administración de Bush no establece calendarios ni da pasos efectivos para que ambas partes retornen a las negociaciones de paz y pongan término a la violencia.

La posición norteamericana da un nuevo balón de oxígeno a Sharon, que en los próximos meses podrá continuar su programa basado en la anulación del proceso de Oslo, la supresión de la autonomía palestina, la eliminación de Arafat y la reocupación de las ciudades palestinas, todo ello acompañado de una serie de medidas destinadas a impedir que se alcance una solución política del problema palestino por medio de la fragmentación del territorio ocupado, la expropiación de nuevas tierras, la construcción masiva de asentamientos, la llegada de miles de nuevos colonos y la defensa a ultranza de la integridad de la Tierra de Israel, que se extiende entre el mar Mediterráneo y el río Jordán.

Ignacio Álvarez-Ossorio es profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante y colaborador de Bakeaz. Es autor del libro 'El miedo a la paz. De la guerra de los Seis Días a la segunda Intifada' (Madrid, 2001) y editor de 'Informe sobre el conflicto de Palestina. De los Acuerdos de Oslo a la Hoja de Ruta' (Madrid, 2003) (ialvarez@bakeaz.org).

© Ignacio Álvarez-Ossorio, 2002; © Bakeaz, 2002.
Publicado en El Correo, 28 de junio de 2002.