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Un
escenario para la paz
Como ocurriera tras el asedio de Beirut hace veinte años, cuando fue requisada toda la documentación del Instituto de Estudios Palestinos, los centros académicos se han convertido una vez más en uno de los blancos predilectos de la tropa israelí. La Casa de Oriente, el emblemático edificio que servía como sede de la Autoridad Nacional en Jerusalén, fue clausurada en agosto de 2001 por orden del gobierno de Sharon. Con ella se cerró la Sociedad de Estudios Árabes, uno de los principales archivos históricos a donde cada año acudían cientos de investigadores de todas las partes del mundo para desarrollar sus investigaciones sobre la sociedad, la economía o la cultura palestinas. Después le tocó el turno a la Sociedad Palestina para la Protección de los Derechos Humanos y el Medio Ambiente con sede en Ramallah y, tan sólo hace unos días, al Centro de Información Alternativa de Belén. La confiscación de los archivos de las instituciones académicas y las organizaciones humanitarias sólo puede obedecer a un objetivo: silenciar la voz palestina y borrar su historia. Ahora más que nunca los dirigentes israelíes se empeñan en mostrar la vigencia del negacionismo de Golda Meir, histórica dirigente sionista que cuestionaba la existencia del pueblo palestino. ¿Pueden los palestinos y los israelíes retornar a la mesa de negociaciones para sentar las bases de un acuerdo de paz en estas circunstancias? Pese a su indiscutible valor, los llamamientos al alto el fuego realizados por las Naciones Unidas, la Unión Europea y Estados Unidos en los últimos días están condenados al fracaso porque falta lo más importante: la confianza mutua. Cualquier iniciativa en el terreno diplomático ha de partir de una lectura crítica del proceso de Oslo y de una revisión de sus postulados. ¿Cómo puede aplicarse el Plan Tenet o el Documento Mitchell si ponen todo su énfasis en la seguridad israelí y dejan en un segundo plano las aspiraciones nacionales palestinas? ¿Acaso el fracaso del proceso de Oslo no muestra la incapacidad de Estados Unidos de imponer una 'pax americana' a su medida? ¿Por qué empeñarse en mantener este proceso desequilibrado en el cual se sitúa en pie de igualdad a la potencia ocupante y al pueblo ocupado? Pese a que la ceguera de Estados Unidos y el seguidismo de la Unión Europea se empeñen en defender lo contrario, las bases de Oslo ya no son válidas. Por ello es imprescindible que las nuevas propuestas de paz no pasen por alto las últimas decisiones adoptadas por la comunidad internacional. Un primer paso debería ser la convocatoria de una conferencia de paz con la presencia de Estados Unidos, pero también la Unión Europea, la Federación Rusa, las Naciones Unidas y la Liga Árabe, que asumirían la difícil tarea de atemperar el incondicional apoyo de Washington a Israel. En el caso de que el gobierno de Sharon insistiese en su negativa a aceptar las resoluciones 1.402 y 1.403 del Consejo de Seguridad, que reclaman la retirada incondicional de los territorios autónomos, la comunidad internacional debería autorizar el despliegue de fuerzas internacionales que separasen a los contendientes. La segunda medida pasa por aprobar la inmediata creación de un Estado palestino con fronteras seguras y reconocidas (tal y como reclama la reciente resolución 1.397 del Consejo de Seguridad), y no el Estado de jirones y remiendos que promueve el laborismo israelí, que no sería más que una bomba de relojería para la región. Un tercer paso sería poner fin a una situación anacrónica: el aislamiento de Israel en Oriente Medio. Para ello debería aplicarse el Plan Abdallah, recientemente aprobado por la Liga Árabe en su cumbre de Beirut, que se basa en una plena normalización entre Israel y el mundo árabe a cambio de la total retirada israelí de los territorios árabes, que ocupa desde 1967. Cualquier iniciativa destinada a perpetuar el actual desequilibrio entre las partes negociadoras, imponer soluciones por medio de las armas o prolongar el actual régimen de 'apartheid' acabará arrastrando a la región a nuevas guerras. Ignacio Álvarez-Ossorio es profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante y colaborador de Bakeaz. Es autor del libro 'El miedo a la paz. De la guerra de los Seis Días a la segunda Intifada' (Madrid, 2001) y editor de 'Informe sobre el conflicto de Palestina. De los Acuerdos de Oslo a la Hoja de Ruta' (Madrid, 2003) (ialvarez@bakeaz.org). ©
Ignacio Álvarez-Ossorio, 2002; © Bakeaz, 2002. |