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Libertad
duradera II
El secretario de Defensa Donald Rumsfeld hizo una verdadera declaración de intenciones al afirmar que "los terroristas internacionales, como la organización al-Qaida, que es muy activa en 50 ó 60 países, probablemente no existirían de no ser porque un cierto número de países facilita, financia, fomenta y tolera sus actividades. El único medio para detener el problema es liquidar estas redes [ ]. Si para acabar con el problema del terrorismo tenemos que intervenir en 15 países, pues lo haremos". La llegada a la isla filipina de Basilán de un primer contingente de 650 militares norteamericanos que intervendrán en la ofensiva contra la guerrilla islamista de Abu Sayyaf convierte a Filipinas en el escenario para la representación del primer acto de la operación 'Libertad duradera II'. La elección de Abu Sayyaf y de Filipinas no resulta de ningún modo casual. En primer lugar, Abu Sayyaf supuestamente mantuvo relaciones con Bin Laden cuando combatió en las filas de los muyahidín en Afganistán; en segundo lugar, este grupo surgido de una escisión del Frente de Liberación Nacional Moro apenas cuenta, según un informe del Departamento de Estado, con dos centenares de guerrilleros, lo que lo convierte en un adversario relativamente asequible; en tercer lugar, el gobierno de Gloria Macapagal Arroyo, aliado incondicional de Estados Unidos, ha autorizado la operación; por último, pero no por ello menos importante, Filipinas es un país cristiano que tan sólo cuenta con una pequeña minoría musulmana (apenas un 5% frente al 83% de católicos), por lo que es de suponer que la operación no desate excesivas críticas. Pero
si por algo es interesante la intervención en Filipinas es porque
plantea el modelo a seguir en otros puntos del mundo. La estrategia
norteamericana consiste en desplazar pequeños grupos de unidades
especiales con misiones concretas y limitadas que actuarán mano
a mano con las fuerzas de sus aliados regionales. Al mismo tiempo, se
ha decidido reforzar la presencia en algunas zonas tradicionalmente
alejadas de la influencia americana, como las ex repúblicas soviéticas
de Armenia, Uzbekistán y Azerbaiyán, donde se han establecido
una serie de bases militares en las cuales se mantendrán fuerzas
dispuestas para actuar cuando la situación lo requiera. Todo
ello va en detrimento de las operaciones de mantenimiento de la paz
en las que participaban efectivos norteamericanos (los Balcanes y el
Sinaí, por ejemplo), que se interrumpirán en el curso
de las próximas semanas. Otros países como Somalia, Indonesia, Malasia, Sudán o Yemen también podrían sumarse a la lista de objetivos. De todos estos países el que presenta menos dificultades para una operación militar es Somalia, debido a la ausencia de una autoridad central fuerte. El grupo islamista somalí al-Ittihad al-Islami (La unión islámica), incorporado recientemente a la lista negra de organizaciones terroristas elaborada por el Departamento de Estado, podría mantener vínculos con al-Qaida, al igual que el señor de la guerra Muhammad Farah Aidid, al que se responsabiliza de la muerte de 18 marines en 1993. Una serie de acontecimientos que apenas han suscitado el interés de los medios de comunicación muestran hasta qué punto es factible esta posibilidad. En las últimas semanas comandos ingleses se han infiltrado en Somalia para localizar futuros objetivos, seis buques de guerra alemanes han partido hacia el Cuerno de África y un avión de espionaje español ha empezado a realizar labores de reconocimiento. No obstante, el mayor riesgo para la estabilidad de la región es que la segunda fase de la guerra antiterrorista iniciada por Estados Unidos se extienda a Oriente Medio creando una situación explosiva. El Gobierno israelí dirigido por el ultra Ariel Sharon ha presionado a Washington para que dirija su maquinaria bélica contra Hezbollah, Hamas y Yihad Islámica (y, por qué no, contra sus patrocinadores: Líbano, Siria e Irán), a pesar de que ninguna de estas organizaciones (y países) participó en los atentados del 11 de septiembre ni representa en la actualidad una amenaza para los intereses occidentales. De imponerse el enfoque israelí, la actual espiral de violencia podría alcanzar un punto de no retorno y el proceso de paz medioriental podría interrumpirse de manera definitiva durante varios años. Ignacio Álvarez-Ossorio es profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante y colaborador de Bakeaz. Es autor del libro 'El miedo a la paz. De la guerra de los Seis Días a la segunda Intifada' (Madrid, 2001) y editor de 'Informe sobre el conflicto de Palestina. De los Acuerdos de Oslo a la Hoja de Ruta' (Madrid, 2003) (ialvarez@bakeaz.org). ©
Ignacio Álvarez-Ossorio, 2002; © Bakeaz, 2002.
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