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A debate

El 'dinero negro' y el euro
Joaquín Arriola


En un informe de la Comisión Europea sobre blanqueo de capitales de 1997, ya se señalaba que la introducción material del euro en enero de 2002 iba a suponer una operación de gran envergadura, una de cuyas consecuencias más importantes sería la salida a flote del dinero de la economía sumergida (los beneficios no declarados de constructoras, profesionales liberales, utilización de trabajadores clandestinos, etc.) y de la economía criminal (los beneficios del narcotráfico, prostitución, juego ilegal, etc.), en una palabra, del dinero negro. Al mismo tiempo, y en relación con la importancia macroeconómica del dinero negro, se señalaba que "la Comisión no ha realizado por sí misma ninguna investigación en este campo, ni dispone tampoco de los recursos necesarios para hacerlo".

Lo que hace cuatro años podía considerarse una constatación, se convierte a finales de 2001 en una demostración de irresponsabilidad social por parte de las autoridades comunitarias. En todo este tiempo, no se ha avanzado una estrategia para 'cazar' ese dinero negro, que empieza a aflorar en forma de consumo desaforado de bienes de lujo (en nuestro país, la lista de espera para adquirir un Mercedes Benz o un Audi de gama alta es más larga que la que se puede encontrar en la sección de oftalmología de los hospitales), que previamente se tradujo en una demanda de dólares que ha provocado la baja cotización del euro en los mercados internacionales. Además, a partir de enero, todo el dinero que queda por blanquear se va a traducir en una larga cola para cambiar dinero en los bancos… en pequeños importes de menos de 15.000 euros, que es la cantidad mínima para la cual el banco está obligado a exigir la procedencia de los billetes que se presentan al cambio. Para el control de esas transacciones menores, la Comisión Europea no ha previsto ningún mecanismo, como tampoco para establecer sistemas de detección de blanqueo por la vía del consumo suntuario y las transferencias de propiedad de inmuebles y activos mobiliarios.

De este modo, una oportunidad única e irrepetible para controlar el dinero negro que circula por Europa se va a dejar pasar de largo, lo cual no sólo es una demostración de grave irresponsabilidad administrativa, sino un verdadero motivo de escándalo político, sobre todo cuando comparamos la dejadez que se observa en este caso, con el detalle y saña con que se intenta localizar a los pobres defraudadores del seguro de paro o del salario social.

Aunque quizá haya una explicación sutil a esto: el impacto de la economía sumergida es tan grande en Eurolandia (utilizando estimaciones poco conocidas de la propia Comisión, podemos calcular que este año el dinero negro generado en la zona euro puede alcanzar entre 455.000 millones y 1,04 billones de euros) que reconocer la incapacidad de las autoridades para controlarlo se considera que puede dar más aliento a los defraudadores y criminales.

Joaquín Arriola es profesor de Economía de la UPV/EHU e investigador de Bakeaz (jarriola@bakeaz.org)

© Joaquín Arriola, 2001; © Bakeaz, 2001.
Publicado en El Correo, 26 de noviembre de 2001.