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Interés
nacional eléctrico
Un ejemplo de lo dicho es el objetivo del plan energético vasco (Plan 3E 2005) de alcanzar la autosuficiencia en la producción de electricidad. Tanto celo ha puesto el Gobierno vasco en la consecución de la autosuficiencia energética que la capacidad de generación de las centrales que promueve supera ampliamente las necesidades de consumo interno. Además, la Consejería de Industria acaba de anunciar la elaboración de un nuevo plan con el horizonte temporal de 2010, que pretende centrarse en la eficiencia (reducción anual del consumo del 1%) y en la promoción de las energías renovables (se pretende que suministren el 12% del total de la energía, de acuerdo con la estrategia energética comunitaria). Si el plan real supone una situación claramente excedentaria en generación de electricidad, el nuevo la hará mucho más, porque se prevé una importante reducción del consumo y un sustancial incremento de la electricidad generada de fuentes renovables. Pero cuando nuestro gobierno se encuentra con una fuerte oposición ciudadana, como en el caso de la central térmica de Boroa, argumenta que el plan real nos hará más ricos, porque exportaremos mucha electricidad. Entonces, ¿de qué se trata? ¿De alcanzar la autosuficiencia o de convertirnos en grandes exportadores de electricidad? Si lo que se quiere es lo primero, no es necesario construir tantas centrales. Si es lo segundo, por qué no construir muchas más, dado que se obvia la pérdida de calidad de vida de las poblaciones directamente afectadas, como en el caso de la central de Boroa. En realidad, éste es el mismo tipo de razonamiento que esgrimió Iberduero cuando hace décadas quiso llenar la costa vasca de centrales nucleares. De haberse construido, el País Vasco se habría convertido en un gran exportador de electricidad. Considero que la sostenibilidad pasa por la creación de sistemas productivos descentralizados y lo más autosuficientes posible, pero no comparto la idea de autosuficiencia ni el modelo energético que propone el Gobierno vasco. La única autosuficiencia verdadera se da cuando no hay que importar energía primaria, y en el modelo planteado incrementaremos fuertemente las importaciones de combustibles fósiles. Además, el suministro es inseguro, por la enorme inestabilidad de la mayoría de los países exportadores. La propia Unión Europea está muy preocupada con la seguridad en el suministro, y hace un año definió una estrategia tendente a reducir la dependencia energética. El modelo que se propone es el de grandes centrales térmicas de ciclo combinado que queman combustibles fósiles. A pesar de que se nos presentan como una tecnología avanzada, en realidad este modelo tiende hacia una rápida obsolescencia, porque estamos inmersos en una revolución tecnológica que se orienta a la microgeneración y a las energías renovables. Muchos datos lo demuestran. En Estados Unidos la potencia media de las nuevas centrales ha pasado de 600 megavatios a mediados de los ochenta a 21 megavatios en 1998. La Comisión Europea prepara una Directiva sobre edificación que propone impulsar "el uso en edificios de energías renovables a pequeña escala". Uno de los ejes del V Programa de I+D de la Unión Europea es la "generación descentralizada". La revista 'Business Week' define la microgeneración como la primera de 21 tendencias del siglo XXI. No es de extrañar que el Instituto de las Montañas Rocosas, que es el más avanzado del mundo en sistemas energéticos sostenibles, declarara en un informe de 1999 que las "grandes plantas, así como las grandes líneas de transporte de electricidad, pronto serán auténticos dinosaurios inviables y difíciles de vender. Tales plantas probablemente no sobrevivirán en cantidades significativas para 2030 en una economía de mercado". Y desde 1998 la tendencia hacia la microgeneración se ha reforzado enormemente. Por ejemplo, empiezan a aparecer en el mercado pilas de combustible (minigeneradores que sirven hasta para propulsar un automóvil eléctrico o generar la electricidad de una vivienda) muy avanzadas y a precios competitivos. En ellas están trabajando cientos de empresas, entre las que se encuentran muchas transnacionales como General Electric (Estados Unidos), Alsthom (Francia), ABB (Suiza), Ebara (Japón), las grandes compañías de automóviles, etc. Vamos pues hacia un modelo en el que cada usuario (empresa industrial, empresa de servicios, centro educativo, hospital, vivienda, etc.) tenga su propia planta eléctrica utilizando un abanico muy amplio de tecnologías, entre las que van ganando terreno las de aprovechamiento de fuentes de energía renovables. Esta tendencia empieza a plasmarse aquí con la cogeneración (pequeñas plantas eléctricas con sistemas de aprovechamiento de agua caliente y vapor, que están siendo instaladas por numerosas empresas, hospitales, etc.) y en menor medida con los parques eólicos y las placas fotovoltaicas. A este modelo el Instituto de las Montañas Rocosas le ha encontrado múltiples ventajas. Es más flexible, dado que se adapta a la demanda rápidamente porque los períodos de instalación son muy cortos, y más eficiente. Las centrales de ciclo combinado que nos quieren instalar alcanzan rendimientos inferiores, por ejemplo, a los de las plantas de cogeneración, que con la recuperación del calor residual pueden llegar a rendimientos del 90%. Asimismo, es más seguro. El sistema tradicional basado en grandes centrales es vulnerable a ataques terroristas, como se está poniendo de manifiesto a raíz de los atentados en Estados Unidos, y a los fenómenos climáticos extremos, que tienden a ser más frecuentes debido al cambio climático (vientos fuertes, inundaciones, nevadas, etc.). En Estados Unidos más del 40% de las pérdidas reclamadas a los seguros como consecuencia de desastres naturales se refieren a las ocasionadas por cortes en el suministro eléctrico. A finales de 1999 las tormentas 'Lothar' y 'Martin' dejaron sin suministro eléctrico en Francia a 3,5 millones de usuarios. En algunas zonas el servicio tardó más de 15 días en restablecerse. Aunque a veces se paran centrales, los cortes más frecuentes son debidos a daños en las líneas de transporte y distribución. En lugar de alcanzar en pocos años una ficticia autosuficiencia utilizando tecnologías en rápido proceso de obsolescencia, es necesario definir una estrategia que camine paulatinamente hacia la verdadera autosuficiencia: la que descansa en fuentes de energías renovables (la Unión Europea ha establecido el objetivo de que generen el 22% de la electricidad para 2010). Propongo un modelo eléctrico que apueste decididamente por el ahorro, que aproveche todo el potencial de energías renovables que sea posible en cada momento y que intensifique el desarrollo de la cogeneración (que en este momento utiliza el gas natural), como tecnología de transición. En esta primera fase nuestra autosuficiencia será parcial pero creciente, y además gozaremos de las ventajas de la microgeneración. Roberto Bermejo es profesor de la UPV/EHU y miembro de Bakeaz (rbermejo@bakeaz.org). ©
Roberto Bermejo, 2001; © Bakeaz, 2001. |