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La
dolarización de América Latina
La dolarización de la economía latinoamericana ha seguido varias etapas, que reflejan las consecuencias últimas de la aplicación de la ideología neoliberal subordinada, es decir, de la dependencia. En la década de los ochenta, cuando se produjo la hiperinflación -que no es una inflación muy alta, sino una desconfianza total en el poder del Estado, y de rebote el rechazo de la moneda nacional como vehículo del valor-, la dolarización, consistente en limitar la emisión de billetes nacionales al equivalente en dólares disponibles en el Banco Central, era un medio de restablecer la confianza en la moneda, avalada ahora por el poder del Estado norteamericano. La cosa funcionó en Bolivia, Argentina, Brasil, Nicaragua y otros países. Ahora, la dolarización entra en una nueva etapa, pues se trata de sustituir directamente el circulante nacional por las reservas. Es decir, desaparece la moneda nacional, y los pagos domésticos se realizan en dólares estadounidenses. Esto no es otra cosa que la capitulación del Estado en su dimensión de regulador de la economía, es decir, neoliberalismo hasta sus últimas consecuencias. La dolarización, que supone la renuncia del Estado a controlar la cantidad de dinero y su precio (tasa de interés) y la sustitución por una denominada 'Currency Board' o mesa de 'seguimiento' de las disponibilidades de dólares, es una solución temporal a la hiperinflación y una propuesta definitiva (sustitución de la moneda nacional) promovida por los sectores más ortodoxos y tradicionales del Fondo Monetario Internacional. Desde el punto de vista de la economía de los países que se dolarizan se dan distintos casos. Hay países que dependen de flujos de dólares sujetos a los vaivenes de la coyuntura, cuando las entradas -exportaciones, ayuda, entrada de capitales- pueden verse contrarrestadas por las salidas -importaciones, fugas de capital, pago de la deuda -. El ejemplo es Argentina. En este país, la dolarización no podrá compensar otros desequilibrios, y lo que va a ocurrir es que las tensiones serán tan fuertes que el sistema estallará tarde o temprano: si se reduce mucho la disponibilidad de dólares, se puede llegar a una situación como la de Alemania en la posguerra, en que los cigarrillos o las medias funcionen como medio de pago. En todo caso, las fases de recesión -como la actual- serán brutales, pues el gobierno carece completamente de política monetaria que poder aplicar -ni siquiera puede 'regalar dinero', pues no lo tiene-. Una alternativa para frenar el impacto de la recesión puede ser introducir una cartilla de racionamiento, pero eso es ideológicamente nefasto para un sistema capitalista. Otro caso distinto es El Salvador, donde hay un flujo de divisas inasequible al desaliento -al menos durante la presente generación- que son las remesas de emigrantes, que según mis cálculos duplican la masa de salarios pagados en ese país. En este caso, no es previsible que se produzca una escasez de dinero, entre otras cosas porque un porcentaje elevado de la población vive en la miseria, y por mucho que crezca la economía -y por tanto la necesidad de medios de cambio- con las normas de distribución imperantes, los pobres siempre requerirán poco dinero, y los demás pueden pagar con cheques una parte de sus gastos. En este caso, la dolarización funciona como medio de control de la inflación, y facilita las transacciones financieras, la mayor parte de las cuales se realizan no dentro del país, sino entre sucursales de los bancos salvadoreños en Estados Unidos y en El Salvador. Otros países, como Ecuador, se ubican en una situación intermedia. La dolarización no tiene nada que ver con el euro, pues en este caso los países de la Unión Europea disponen de un Banco Central común que regula la política monetaria. Por el contrario, en los países dolarizados de América Latina, la política monetaria ha colapsado y se ha reducido a la financiera. Una política monetaria más flexible (por ejemplo, ahora, bajando las tasas de interés para contrarrestar el frenazo del crecimiento) supone una caída de la cotización del dólar (moneda de Argentina, Ecuador, El Salvador ) y por tanto un abaratamiento de sus exportaciones, luego un aumento de las mismas. Claro que a un país monetariamente dependiente, si también es estratégicamente dependiente de determinadas importaciones (petróleo), se le encarecen éstas. En fin, que lo que está claro es que la política monetaria de los países dolarizados va a depender exclusivamente de las necesidades de Estados Unidos y éstas pueden coincidir o no con la de los dolarizados. A este país, en principio, el proceso no le afecta de ningún modo fundamental. La ventaja que obtiene con la dolarización es amarrar un poco más a los países latinoamericanos a su sistema productivo, reforzando el control sobre los flujos reales -de materias primas, productos primarios y fuerza de trabajo- y el dominio sobre sus mercados. Pero no significa una nueva división internacional del trabajo, ni nada por el estilo. La moneda tiene un fuerte componente simbólico, pues está asociada a la configuración de los estados nacionales, la centralización y configuración del poder del Estado, etc. Que las relaciones sociales de producción (y distribución) estén mediadas por una moneda denominada colón o peso o dólar no modifica sustancialmente dichas relaciones de producción; de este modo, la dolarización, contra lo que afirman varios analistas, no es una nueva forma de explotación. Ciertamente, la dolarización afecta sustancialmente (en el orden simbólico y político) a las estructuras del Estado. Por lo tanto, sí podemos afirmar que la dolarización es una nueva forma de dominación. Aunque el gobierno norteamericano no haya promovido directamente la dolarización de las economías latinoamericanas, ésta le viene muy bien: no le cuesta nada (la política monetaria del dólar se sigue rigiendo exclusivamente por los intereses internos de Estados Unidos) y de paso (efecto colateral) refuerza los vínculos político-simbólicos de América Latina con Estados Unidos, frente a una potencial rivalidad con Europa o Asia. Si son correctas las precisiones anteriores, la dolarización es un fenómeno preocupante desde el punto de vista político, pues modifica las condiciones de la práctica política en muchos países de América Latina y, por supuesto, de sus relaciones actuales y futuras con Europa. Joaquín Arriola es profesor de Economía de la UPV/EHU e investigador de Bakeaz (jarriola@bakeaz.org) ©
Joaquín Arriola, 2001; © Bakeaz, 2001. |