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El Plan Hidrológico
y sus implicaciones en el País Vasco
Víctor Peñas


En los albores del siglo XXI algo se está moviendo en la estructura de la planificación hidrológica española, aunque es difícil saber en qué dirección. A estas alturas se han desgranado muchas reflexiones sobre el Plan Hidrológico Nacional, que a tenor de los acontecimientos, no parecen haber cambiado el rumbo de la política trasvasista, que sustenta el contenido del texto hidrológico, en fase de tramitación parlamentaria. El planteamiento de querer 'equilibrar' el desequilibrio natural de algunos espacios territoriales a golpe de dogmatizar con la ingeniería el comportamiento de la naturaleza, sigue siendo el hilo conductor de un PHN que apuesta por potenciar estrategias de oferta descuidando la gestión de la demanda. Se quiere, con aires de benevolencia ecológica, presentar una reducción en las detracciones de caudal del bajo Ebro del cincuenta por ciento, siempre y cuando el resto, hasta llegar a los inamovibles 1.050 hm3, sea aportado por otras vías, como por ejemplo la cesión de caudales de los regantes del delta del Ebro. Como si el agua de los regantes no fuese del Ebro. En fin, se cambia algo para no cambiar nada. Una vez más la visión productivista de la gestión del agua impide ver que los ríos no sólo transportan agua sino que por ellos circula vida que alimenta un ecosistema fluvial del que todos formamos parte.

Entre tanta incertidumbre dialéctica y tanto ejercicio de retórica hidráulica muchos se preguntan cómo afectan los planteamientos del PHN al País Vasco y sobre todo cómo afecta el controvertido trasvase del Ebro a nuestra comunidad.

Pues miren ustedes, afecta por partida doble. En primer lugar, porque una parte importante de la comunidad autónoma pertenece, aunque algunos no hayan querido enterarse, a la cuenca vertiente del Ebro, y como tal los aportes de las subcuencas drenadas por los ríos Omecillo, Baias, Zadorra, Inglares, Arakil, Ega y cauces de la subcuenca Errioxa, van a alimentar, que no morir, al gran colector Ebro, con cuyas aguas pretende el gobierno repartir equilibrio, solidaridad territorial y calmar la sed de las 'sedientas' tierras mediterráneas. Se piensa equivocadamente que el trasvase realizado aguas abajo de nuestro territorio no nos afectará en ningún caso. Se olvida que las exigencias del trasvase afectarán a la integridad del cauce colector Ebro en particular y a la cuenca vertiente, marco obligado de gestión en la planificación hidrológica, en general. De esta manera quedarían hipotecados los usos futuros de los caudales aguas arriba del trasvase, debido fundamentalmente a que esas aguas que pasan por nuestro territorio serán ya aguas sujetas a trasvase o, lo que es lo mismo, 'aguas de otro cántaro'.

En segundo lugar, porque en el anexo II del Anteproyecto de Ley del PHN se establece, para el horizonte 2008, un programa de inversiones en nuestra comunidad que, a pesar de no especificar costes, está fundamentado en la ejecución de obras de regulación, abastecimiento y saneamiento, aspectos estos dos últimos positivos, a priori. Respecto a las obras de regulación, en la cuenca Norte, aparte de la presa de Ibiur en la comarca de Tolosa, el embalse de Erbi ubicado entre los municipios alaveses de Amurrio y Artziniega será la infraestructura hidráulica de mayor trascendencia. Con una capacidad de 50 hm3 y un coste superior a los 9.000 millones de pesetas, su construcción se justifica por la necesidad de diversificar el suministro para abastecimiento del Gran Bilbao y, por otro lado, para hacer frente a un 'previsible' aumento de la demanda, no suficientemente justificada. En la cuenca del Ebro, dentro del territorio alavés, amén de incorporar un capítulo de inversiones para el encauzamiento y acondicionamiento del río Zadorra a su paso por Vitoria-Gasteiz, se contempla la construcción del embalse de Araia, con una capacidad de 4,65 hm3, para dar respuesta a las demandas doméstico-industriales y agrícolas en el sector noroeste de la Llanada Alavesa. También, y a pesar de no aparecer recogido en esa 'carta de los deseos' que es el anexo II, la Diputación Foral de Álava cuenta con el apoyo financiero del Estado para construir un gran embalse en las inmediaciones de Izarra para 'atender' la demanda agrícola de 10.000 hectáreas de regadío en la comarca de Valles Alaveses y 5.000 hectáreas de viñedo en La Rioja Alavesa. La presa de Andagoia, con una capacidad útil de 11 hm3 y un coste de 6.000 millones de pesetas, que con seguridad serán más al final de la obra, se convertirá en el tercer gran embalse alavés, después de Ullibarri-Gamboa y Urrunaga.

Todas estas iniciativas estructurales independientemente de su justificación dispararán la demanda potencial de agua. Una vez más se apuesta por generar más oferta apoyándose en requerimientos de demanda -en otros casos puras apetencias-, poco precisos cuantitativamente, y que a lo mejor pudieran satisfacerse, al menos en parte, bajo un prisma de racionalización en la ordenación territorial, competencia ésta exclusiva de la Comunidad Autónoma del País Vasco. La demanda de agua en la comunidad, como en otros espacios, va a estar condicionada por las necesidades perentorias de la población y la estructura productiva. Ahora bien, el problema fundamental radica en la falta de previsión y coordinación entre los usos que asignamos al territorio y la disponibilidad de agua en el mismo. En la sinergia ordenada de este binomio estará la base del desarrollo sostenible. Todo ello no hace sino confirmar que la planificación hidrológica y espacial del territorio deben ir de la mano, sobre todo en aquellas zonas donde la disponibilidad del recurso tiene límites previsibles. No podemos seguir apostando por modelos de desarrollo territorial que no tengan en cuenta las características hidrológicas del territorio, lo mismo que no podemos amparar el desarrollo socioeconómico de una región en las potencialidades de nuevos usos del agua, si ello se hace sobreexplotando nuestros ecosistemas fluviales hasta límites insostenibles. Es necesario realizar una gestión holística del agua preservando los valores ambientales y realizando una ordenación armónica y equilibrada del territorio donde la satisfacción de la demanda sea compatible con los usos sostenibles del más valioso de nuestros recursos naturales, el agua.

Frente a todo esto impera la obligación de abrir cauces de gestión fundamentados en el ahorro, en la eficacia y eficiencia, en la gestión conjunta de las aguas superficiales y subterráneas, en la conservación y en la valoración de nuestros ríos como espacios escénicos.

Ahora bien, la reflexión sobre la planificación hidrológica debe ir más allá de la aprobación o no del PHN, incorporando perspectivas de actuación de la administración central, autonómica y local, para conseguir realmente realizar una gestión integral y globalizadora del recurso.

Sería bueno que las aguas, un tanto revueltas estos días, traigan un poco de cordura y de paso refresquen las ideas de quienes con ignorancia supina siguen pensando que las aguas que 'sobran' en nuestros ríos 'se pierden inútilmente en el mar'. En estos momentos de desconcierto se impone una ética en la gestión del agua que objetivice y racionalice los consumos de acuerdo con principios de respeto hacia nuestros ecosistemas fluviales de los que somos parte, aunque algunas veces dudo que merezcamos serlo.

Víctor Peñas es geógrafo, investigador del Departamento de Geografía de la UPV/EHU
y colaborador de Bakeaz.

© Víctor Peñas, 2001; © Bakeaz, 2001.
Publicado en El Correo, 9 de abril de 2001.