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Esquizofrenia ecológica
Roberto Bermejo


En 1855 el Jefe Seatle de la tribu Suwamish del nordeste de Estados Unidos recibió una oferta del presidente de compra de sus tierras. En su carta de respuesta -notable documento sobre la relación armónica con la naturaleza de las comunidades primitivas y premonitorio sobre el futuro de las sociedades industriales-, explica que no entiende que se pueda comprar la tierra "como si fueran corderos y cuentas de vidrio", porque "la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra". Considera, asimismo, que "su insaciable apetito [del hombre blanco] devorará la tierra y dejará tras de sí solo un desastre", porque para él "la tierra no es su hermano, sino su enemigo". Y añade, "lo que ocurra a la tierra, ocurrirá a los hijos de la tierra […]. Todas las cosas están relacionadas".

La premonición del Jefe Seatle se está cumpliendo. Estamos provocando la mayor destrucción de especies desde la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años, invirtiendo la tendencia de la biosfera a aumentar la biodiversidad. La UNESCO opina que para el año 2025 se extinguirá el 50% de los 10 millones estimados de especies vivas aún no descubiertas (sólo un millón y medio de las especies están catalogadas). La mayoría de los grandes sistemas biológicos se encuentran en estado de colapso.

Estamos elevando la temperatura de la Tierra y poniendo así en movimiento un proceso por el que ésta se incrementará mucho más antes de que pueda restablecerse el equilibrio. El reciente informe ACACIA de la Unión Europea estima en 0,8 °C la elevación media de temperatura en Europa en el siglo XX, pero "este calentamiento ha sido mayor sobre el noroeste de Rusia y la Península Ibérica", donde estima que se están produciendo elevaciones de temperaturas de hasta 0,4 °C por década y disminuciones de precipitaciones en verano de hasta el 5% por década. Y el proceso tiende a acelerarse.

Se necesitaría un planeta que tuviera tres veces más capacidad de carga que la actual para que toda la población del planeta alcanzara el nivel de consumo de Suecia. Vivimos en un caldo tóxico provocado por unos 100.000 productos químicos que se comercializan; como consecuencia de ello, y según el Instituto Worldwatch, "todos nosotros tenemos alrededor de 500 sustancias químicas de origen antropogénico en nuestros cuerpos (venenos potenciales que no existían antes de 1920)". Un estudio reciente sitúa a España en cuarto lugar entre 21 países industrializados en cuanto a productos tóxicos en leche materna. Muchos de ellos están alterando los sistemas nervioso, endocrino e inmunológico.

Por estos motivos, cada vez son más dramáticas las denuncias de la comunidad científica. En 1987 la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo de las Naciones Unidas hacía un Llamamiento para la acción en el que urgía a cambiar el modelo de desarrollo, porque "somos unánimes en la convicción de que la seguridad, el bienestar y la misma supervivencia del planeta dependen de esos cambios ya". En 1992, 3.500 científicos (99 de ellos premios Nobel, entre los cuales se encontraban la mitad de los de Ciencias y Economía vivos) suscribieron una Advertencia de los científicos del mundo a la humanidad en la que alertaban del riesgo de "colapsos impredecibles de los sistemas biológicos críticos cuyas interacciones y dinámicas sólo conocemos de forma imperfecta". Y declaraban la urgencia de buscar soluciones, porque "no quedan más que unas pocas décadas para luchar contra las amenazas actuales y la perspectiva de una humanidad inconmensurablemente limitada". La Unión Europea define su Quinto Programa de Actuación Medioambiental como "un giro de 180 grados" con respecto a los anteriores, porque "no podemos esperar […] y no podemos equivocarnos".

Aparentemente la opinión pública es consciente del problema. Así, una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas de 1996 refleja que para el 85,8% de los entrevistados la naturaleza "es un problema urgente que debe ser enfrentado hoy". El 67% opina que "se debería dar prioridad a la protección del medio ambiente, aunque signifique que el desarrollo de la economía sea más lento". El Eurobarómetro refleja un estado de opinión semejante.

Sin embargo, no existe coherencia entre estas opiniones y el comportamiento general. Los dos grandes partidos estatales siguen teniendo un respaldo ampliamente mayoritario de la población, frente a otras opciones políticas que manifiestan una mayor sensibilidad ecológica, a pesar de que uno es (y el otro ha sido) responsable de que España sea el Estado que incumple más directivas ambientales de la Unión Europea y que más se opone a la mejora de su política de sostenibilidad. Tiene la política de infraestructuras de transporte más faraónica de la Unión Europea, que goza de un amplio respaldo popular. Se admite que un elemento determinante del reciente éxito electoral del PP es el fuerte crecimiento económico que está experimentando la economía española. Sin embargo, con un crecimiento anual del 3,5% (que es inferior al que se está produciendo), el producto económico se duplica cada veinte años. Es decir, a final de siglo sería 32 veces superior al actual.

Nos encontramos, por tanto, ante un comportamiento esquizofrénico, que también se refleja en los medios de comunicación, que cada vez informan mejor sobre los problemas ecológicos, pero en sus líneas editoriales y en su información económica muestran un inquebrantable respaldo al crecimiento económico. Diversas razones explican este comportamiento. La gran mayoría de la población tiene un conocimiento difuso, cuando no equivocado, de la gravedad y causas de los problemas ecológicos, por lo que desconoce su responsabilidad en ellos. Por otro lado, sigue identificando bienestar y, en buena medida, felicidad con un consumo creciente, a pesar de que, como demuestra un reciente estudio de la universidad británica de Sussex, el sobreconsumo es el fruto de una personalidad desestructurada que busca en él la compensación de sus frustraciones (falta de afecto, de autoestima, soledad, trabajo alienante, etc.).

Ante la gravedad de la situación, se multiplican las propuestas de cambio. La citada Advertencia afirma que los países industrializados "deben reducir en gran medida su sobreconsumo". Los economistas Tinbergen (premio Nobel) y Hueting defienden: "a) acelerar el desarrollo de nuevas tecnologías, como el reciclado y las energías renovables; b) no permitir más crecimiento en los países ricos; c) estabilizar la población mundial tan pronto como sea posible; d) mejorar la distribución internacional de la renta". Ya existe un amplio consenso sobre la necesidad de que los países desarrollados reduzcan en un 90% el uso de materiales y de energía no renovable en 30-50 años. Este objetivo ha sido adoptado por los ministros de Medio Ambiente de la OCDE y por Austria, aunque no parece que estén actuando en consecuencia.

Roberto Bermejo es profesor de la UPV/EHU y miembro de Bakeaz (rbermejo@bakeaz.org).

© Roberto Bermejo, 2000; © Bakeaz, 2000.
Publicado en El Correo, 12 de junio de 2000.