Ver archivo PDF

 

El desarrollo insostenible vasco
Roberto Bermejo


Existen dos enfoques básicos en relación con la sostenibilidad ecológica. Uno parte de la admisión de que el modelo económico actual es insostenible, lo que lleva a desarrollar planes generales que pretenden integrar de forma coordinada la dimensión ecológica en todas las actividades del sistema económico. Otro niega dicha insostenibilidad, por lo que sólo admite la existencia de algunos problemas puntuales, y se traduce, en el mejor de los casos, en la adopción de algunas políticas sectoriales. La Unión Europea y la mayor parte de sus estados del centro y norte defienden el primer enfoque. El resto se ubica en el segundo.

En el caso de la política ambiental de la Administración vasca, puede decirse que corresponde al segundo enfoque. No obstante, para entender la naturaleza del problema conviene analizar antes su trayectoria histórica. En la segunda mitad del siglo XIX se produce la deforestación total de Vizcaya y Guipúzcoa. Se malvendió la mayor parte del excelente mineral de hierro existente a Inglaterra, lo que ocasionó un rápido agotamiento de los yacimientos y una extrema degradación del territorio. El desarrollo industrial y urbano (impulsado por una muy alta densidad de población) ha supuesto la destrucción de la mayor parte de las mejores tierras de cultivo de Vizcaya y Guipúzcoa. Recientemente se ha producido el desplome del tejido industrial tradicional (tremendamente consumidor de recursos y contaminante), lo que ha provocado (aparte de la desertización económica de amplias zonas) un desastre ambiental: unos 2.000 suelos contaminados, muerte de los ríos, los lechos de los más importantes tienen tal carga tóxica que nadie se atreve a tocarlos, etc.

Por otra parte, el desplome industrial, junto con algunas actuaciones correctoras (financiadas básicamente con fondos comunitarios), ha permitido mejorar algunos indicadores ecológicos. Pero el crecimiento económico, así como la pervivencia de algunos rasgos básicos del modelo tradicional, tienden a incrementar el grado de insostenibilidad. Vamos a ver algunos elementos de esta tendencia.

La Administración vasca participa de la extendida idea de que la construcción ilimitada de infraestructuras de transporte, que sean capaces de transportar siempre crecientes cantidades de mercancías y personas, a las más altas velocidades que la tecnología permite, constituye un instrumento central de su política de crecimiento económico y bienestar. Sin embargo, es difícil encontrar una zona mejor comunicada que la margen izquierda de la ría de Bilbao y es la más deprimida de la comunidad autónoma. Además, ya en 1991 el informe comunitario Transport 2000 plus afirmaba que el tráfico en la Unión Europea había llegado a un punto en que "la suma de efectos negativos parece cancelar los incrementos de riqueza, confort y facilidad que deberían resultar del crecimiento del volumen de tráfico". Los efectos negativos son claros: creciente dependencia del petróleo y aumento de los impactos ambientales y sobre la salud. Resulta paradójico que se diseñe la Y vasca sólo para pasajeros, teniendo en cuenta el aumento del tráfico (el número de camiones está creciendo a un ritmo que duplica el parque cada veinte años) y la deficiente salida por ferrocarril del puerto de Bilbao.

Esta política de transportes (unida a la proliferación de polígonos industriales y de urbanizaciones) está acelerando el proceso histórico de destrucción de suelo agrícola. A lo cual hay que añadir la erosión del suelo debida a la agricultura industrial (un 20% del suelo la sufre, especialmente en Álava) y al desarrollo de la silvicultura del pino (con pérdidas de hasta 50 toneladas por hectárea de suelo al año debido a las prácticas de corta y destrucción del suelo por la proliferación de pistas). Un reciente estudio de la UPV/EHU vaticina raquitismo en las plantaciones a partir del 2015, que es cuando se generalizará la tercera generación.

La política de transporte y el crecimiento económico, en general, generan un consumo de energía en aumento. El plan 3E-2005 prevé un crecimiento de un 15% de la demanda energética (un 20% para la electricidad) en el período 1995-2005. Por el contrario, estima que el consumo final disminuirá en un 3%. Esta aparente contradicción se explica básicamente por el cierre de Altos Hornos de Vizcaya, que ha supuesto la disminución del 14% en el consumo total. En consecuencia, tras este descenso se renueva la escalada del consumo. Pero el crecimiento económico que se está produciendo (muy inferior al 2,8% anual medio previsto en el plan) invalida las previsiones del mismo. El Ente Vasco de la Energía acaba de anunciar un aumento de la demanda en un 11% en 1998. Por otro lado, el aporte de las energías renovables a la demanda local queda en el plan muy lejos del 12% que la Unión Europea plantea para el 2010. Y esto a pesar de que el plan considera (asombrosamente) que la incineración de basura urbana es una fuente renovable de energía, y le dedica el 55% de las inversiones previstas en este capítulo.

La tendencia a empeorar la calidad del aire urbano va a ser mucho más aguda en el área metropolitana bilbaína y en la margen izquierda, porque al aumento del tráfico se le unirán todas las centrales eléctricas, menos una, con las que el ejecutivo autónomo pretende la "autosuficiencia" eléctrica, incluida la incineradora de Zabalgarbi. Además, el informe Estado del Medio Ambiente en la CAPV 1998 cita otros problemas: "la degradación de las riberas de los ríos, la excesiva canalización y el excesivo uso extractivo"; "el incremento continuo de la generación anual de residuos"; más de 100.000 toneladas al año de residuos especiales aún no gestionadas; "existe una laguna importante en la gestión actual para los residuos industriales, principalmente para los residuos especiales"; etc.

En resumen, las actuaciones seguirán siendo dispersas, cuando no contradictorias, mientras se siga ignorando el carácter sistémico del problema y no se diseñe un plan integral que marque objetivos concretos en cada sector y medio, que deban ser integrados en cada actuación sectorial. Esto determina la necesidad del cambio del mapa administrativo de reinos de taifas que ha instaurado la Ley de Territorios Históricos, para dar paso a un poder capaz de diseñar y ejecutar el citado plan.

Roberto Bermejo es profesor de economía de la UPV/EHU y miembro de Bakeaz.

© Roberto Bermejo, 1999; © Bakeaz, 1999.
Publicado en El Correo, 15 de octubre de 1999.