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Tráfico y medio ambiente en Bilbao
Gabriel Ibarra


Recientemente la Diputación ha hecho público un estudio que alertaba sobre el próximo colapso del tráfico en la A-8 y en el propio Bilbao. A este hecho debe añadirse el incremento de los índices de contaminación del aire por contaminantes directamente relacionados con el tráfico como ozono, monóxido de carbono y óxidos de nitrógeno en los últimos años y que ha pasado desapercibido para la opinión pública. Estos contaminantes debidos al tráfico son hoy en día los más preocupantes y a medio plazo van a constituir un problema de primera magnitud, ya que en breve una directiva europea va a reducir sus valores máximos admisibles. En estos momentos, con la situación actual en Bilbao estaríamos sobrepasando dichos máximos, y los mismos responsables del Gobierno Vasco reconocían recientemente las dificultades que habrá para cumplir la nueva normativa. Un problema adicional será la nueva planta regasificadora y de ciclo combinado de Santurtzi para producir energía eléctrica, cuyas emisiones de óxidos de nitrógeno previsiblemente se notarán en toda la zona, agudizando el problema de calidad de aire en Bilbao por ozono y NOx aún más si cabe.

Esta situación no ha surgido de la noche a la mañana, sino que se ha ido gestando en los últimos años y ha desembocado en la situación descrita debido a varios factores, alguno de los cuales merece la pena señalar. El diseño del metro no se encuadró en un esquema de gestión conjunta del tráfico y calidad de aire a medio o largo plazo, sino que primaron otras consideraciones, como la revitalización de Bilbao o los aspectos estéticos. A consecuencia de ello, a estas alturas puede decirse lisa y llanamente que el metro por sí solo no ha resuelto el problema del tráfico, y lo máximo que se logró en 1996 fue una ligera disminución del 5% en el tráfico interno de Bilbao, que a estas alturas ha sido sobrepasada. Un reciente estudio elaborado bajo mi dirección en la Universidad del País Vasco demuestra que, siguiendo la propia evolución del tráfico, en 1996 los índices de contaminación experimentaron una disminución para a partir de 1997 retomar la tendencia ascendente hasta la actualidad. Un metro diseñado básicamente para propiciar un tráfico y medio ambiente sostenible en Bilbao, debería haber ido acompañado de medidas disuasorias como aparcamientos gigantes a las entradas de Bilbao, peatonalización del centro y, llegado el caso, medidas de tipo fiscal y coercitivas. La extensión del metro a toda la geografía de Bizkaia por conexión directa ágil a las líneas de tren tradicionales y una mayor extensión del Bizkaibus a todo el territorio (aunque en este sentido hay que reconocer que se ha hecho un gran esfuerzo) deberían haber sido medidas complementarias.

Además de no tomar estas medidas complementarias, al ir aumentando el tráfico, la respuesta de la Diputación ha ido justo en la dirección opuesta en el territorio de Bizkaia: aumentar más y más el número de carreteras en el nuevo Plan de Carreteras para responder al aumento de coches. En el caso de Bilbao, se proyecta el túnel de Artxanda con el objetivo de meter aún más coches en Bilbao, con lo cual se incrementarán aún más los índices de contaminación y los atascos. Por lo que se refiere a las conexiones de Bilbao con el resto del territorio, el Gobierno Vasco proyecta el Tren de Alta Velocidad, con gravísimos impactos medioambientales, sin hacer poco o ningún esfuerzo por mejorar y reabrir antiguas conexiones de ferrocarril tradicional.

Sin embargo, hay que decir que el modelo de país, del cual el problema en Bilbao ahora señalado por la Diputación no es más que uno de sus frutos, se diseñó en febrero de 1997 cuando se aprobaron las Directrices de Ordenación del Territorio. En él se hablaba de un País Vasco cubierto de cemento y carreteras concebido como una gran urbe, destinada a engullir incluso ciudades cercanas como Santander o Logroño. Es lo que se llamaba con el pomposo nombre de "sistema polinuclear vasco de ciudades" o Vascópolis. Ahora empezamos a darnos cuenta de que ese diseño no es viable ni medioambientalmente sostenible. Por suerte o por desgracia vivimos en un país pequeño y nuestro desarrollo se está encontrando con sus límites: no caben ya muchas más carreteras, ni coches en ellas, ni trenes de alta velocidad.

Urge consensuar un nuevo diseño de país en el cual la variable de sostenibilidad ambiental sea por primera vez contemplada y en el caso concreto de Bilbao, ha llegado el momento de que los responsables en la Diputación y Ayuntamiento cojan al toro por los cuernos y adopten medidas de choque en la línea expresada más arriba. Puede no ser electoralmente conveniente, pero la solución al problema no puede aplazarse por más tiempo.

Gabriel Ibarra Berastegi es doctor en Ingeniería Ambiental y colaborador de Bakeaz.
Profesor titular en el Dpto. Ingeniería Nuclear y Mecánica de Fluidos
Doctor en Ingeniería Ambiental
Escuela de Ingenieros de Bilbao
Universidad del País Vasco

Investigador principal en varios proyectos de investigación financiados
relacionados con la calidad del aire en Bilbao y el tráfico

© Gabriel Ibarra, 1999; © Bakeaz, 1999.
Publicado en El Correo, 14 de julio de 1999.