Ver archivo PDF

 

Contrainformación sobre Kosovo
Carlos Taibo


Algunos de quienes, desde posiciones de supuesta contrainformación, nos están contando lo que ocurre en Kosovo no ocultaban semanas atrás su más completa ignorancia con respecto al conflicto. Esa ignorancia que reconocían hace bien poco contrasta con la petulancia de las opiniones que se expresan hoy.

Lo primero que asombra es la soltura con que algunas gentes se mueven en debates demográficos muy complejos, y la paralela aceptación de que los albaneses han llegado a Kosovo anteayer y en virtud de malas artes. Es fácil comprobar que quienes afirman tales cosas no se han tomado la molestia de consultar trabajo alguno sobre los problemas demográficos en Kosovo, algo que les permite afirmar tajantemente que Kosovo ha sido siempre y será Serbia. Las más de las veces su fuente de información son, claro, los deportistas yugoslavos presentes entre nosotros.

Hay otro material que ha despuntado en muchas de las reflexiones pretendidamente contrainformativas: el correspondiente a las cláusulas secretas que, en Rambouillet, pretendían otorgarle a la OTAN una absoluta libertad de maniobra en todo el territorio de Serbia y de Montenegro. Lo primero que hay que preguntarse es si esas cláusulas, impresentables, rebajan en un ápice la responsabilidad del Gobierno serbio en la articulación del problema kosovar. Esto aparte, estamos en la obligación de preguntarnos por qué el Gobierno serbio no denunció expresamente en marzo el contenido de esas cláusulas, para así justificar su pleno rechazo del acuerdo de Rambouillet: la denuncia de lo que era un abuso intolerable hubiese generado en el mundo occidental fisuras aún mayores.

Uno más de los mitos del momento es el relativo a la financiación del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK). Al respecto se ha sugerido hasta la saciedad que el ELK depende del narcotráfico. Es curioso, sin embargo, que durante muchos meses las fuentes oficiales serbias asumieran que el ELK se sostenía merced a las remesas de la diáspora albanokosovar. Convertir al narcotráfico en explicación universal de la financiación del ELK es, en el mejor de los casos, una dramática simplificación de los hechos, como lo es la sugerencia de que las armas de la resistencia albanokosovar proceden del mundo occidental. Resulta significativo que durante años la policía serbia trabajase en la detención de traficantes yugoslavos que, por lo que parece, configuraban la principal fuente de abastecimiento de armas para el ELK. A partir de 1997, y tras el asalto de los arsenales del ejército albanés por la población civil, se acrecentaron las posibilidades del Ejército de Liberación. La ayuda militar occidental, en otras palabras, no ha sido tan importante y, en cualquier caso, ha llegado en fechas muy recientes.

La mayor acumulación de desafueros en relación con la crisis actual la ha suscitado, con todo, la disputa relativa a las razones que han guiado a muchos albanokosovares a abandonar su país una vez iniciados los bombardeos de la OTAN. Una visión de los hechos que ha adquirido cierto predicamento entre nosotros es la que sugiere que el abandono masivo de Kosovo es consecuencia, no de medidas de represión desplegadas por el ejército yugoslavo, y sí, y simplemente, de los bombardeos de la Alianza. Si los hechos han discurrido de tal suerte, hay que convenir que es conmovedor el grado de ocultamiento de la realidad que han demostrado en sus declaraciones, unánimes, tantos refugiados albanokosovares y su designio paralelo de salir con lo puesto. Tan conmovedor como la ingenua aceptación que las gentes que sostienen la tesis que nos ocupa demuestran con respecto a las explicaciones oficiales en Belgrado.

Digamos, en fin, que no faltan tampoco los análisis psicalípticos. Todo lo que está ocurriendo obedecería a una tramada política de los centros de poder capitalista encaminada, ya a suprimir un enemigo engorroso, ya a perfilar un cerco sobre Rusia y sus riquezas naturales. La réplica es sencilla: ¿alguien piensa en serio que para controlar la economía serbia nuestros países precisaban urdir un conflicto con la vista puesta en desatar después una guerra en regla? Quienes afirman tal cosa, ¿se han ocupado de saber a quién le ha vendido el régimen serbio la explotación de las codiciadas minas de Trepçë, en Kosovo? ¿Alguien que conserve el juicio sereno se atreve a sostener que el mundo capitalista no dispone, para someter la economía rusa, de mecanismos mucho más efectivos y sutiles que el que pasa por una guerra en los Balcanes occidentales?

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid
y colaborador de Bakeaz (ctaibo@bakeaz.org). Acaba de publicar
el libro 'Para entender el conflicto de Kosovo'.

© Carlos Taibo, 1999; © Bakeaz, 1999.
Publicado en El Correo, 1 de junio de 1999.