|
El
otro giro hacia el centro
Antes del verano como ahora se ha impuesto en el PSOE el criterio de esquivar cualquier aproximación a IU con la vista puesta en disputarle al PP el electorado de centro. Aunque no es muy aconsejable, toda vez que la cuestión tiene su enjundia, olvidaremos ahora la eventual inmoralidad de una fuerza obscenamente convertida en un partido atrapalotodo que cambia de programas y posiciones a capricho. Nos limitaremos a recordar que, con su huida hacia el centro, el PSOE corre el riesgo de perder votos por la izquierda y, más aún, de decepcionar a una militancia y a un electorado que parecían decantarse por un proyecto distinto: el de Borrell. Subrayaremos que parece despuntar una estrategia que, marcada por una maquiavélica inteligencia, diese en preservar dos cabezas: si la una se propondría atraer a la izquierda, la otra haría lo propio con el centro (e incluso con la derecha más franca, habida cuenta del discurso ranciamente españolista tan querido por gentes como Rodríguez Ibarra, Bono o el propio Almunia). Así las cosas, el PSOE se encuentra ante un difícil dilema que anuncia la repetición de algunas de las miserias del pasado. Como quiera que no se antoja sencillo -no se antoja posible, por mejor decirlo- que el PSOE obtenga una mayoría absoluta en las próximas elecciones legislativas, en el caso de que consiga recuperar, sin embargo, la condición de fuerza política más votada serán dos las opciones que se perfilarán en el horizonte. A la luz de los movimientos más recientes, la primera de esas opciones, un acercamiento a IU, parece descartable, la coalición que lidera Julio Anguita tendría, por lo demás, argumentos sobrados para desligarse de quienes por dos veces han rechazado un diálogo en serio, los mismos que sin rebozo han anunciado su designio de competir con el PP por el electorado de centro. La segunda de las opciones no es otra que recabar, como en el pasado, el respaldo de los nacionalistas catalanes y reabrir -y no se olvide esta última dimensión- el escenario que provocó la aparentemente indignada reacción borrellista. Con este panorama, es sencillo dar cumplida respuesta a aquéllos que se preguntan por quién encabeza el PSOE en estos momentos. La mayoría de los analistas responden, sin dudarlo, que la dirección sigue recayendo en el aparato configurado en los tres últimos lustros, bajo la férula de González, en un sinfín de estructuras de poder. Hay quien, yendo más allá, se atreve a sugerir que el propio Borrell, pese a retórica y gestos, no concibe otro futuro que el que pasa por una instalación plena en ese aparato o, lo que es lo mismo, por el arrinconamiento de cualquier veleidad que sugiera el abandono de la bien ganada condición de partido atrapalotodo que corresponde a su partido. El silencio de Borrell con respecto a un eventual acercamiento de IU -la aceptación de la doctrina que al respecto impusieron en su momento González y Almunia- induce a pensar que semejante descripción de los hechos no es un desafuero, y ello aunque sobren argumentos para concluir que el candidato a la presidencia por el PSOE está cavando su propia tumba. Porque no otra cosa que eso es el olvido de que son muchas las razones para concluir que lo que más puede perjudicar a su partido es su abusiva comunidad de proyecto con la principal fuerza rival. Carlos
Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma
de Madrid ©
Carlos Taibo, 1998; © Bakeaz, 1998. |