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Estilo educativo
Nuestro Centro
Sagrado Corazón de Dénia, promueve la formación integral de los alumnos desde
una concepción cristiana del hombre, de la vida y del mundo.
Es una escuela concebida como servicio al pueblo: abierta, crítica, creativa,
libre, participativa, abierta al cambio, responsable, justa y cristiana.
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Concebimos al HOMBRE como un ser abierto a los demás, que vive y se
desarrolla, capaz de transformar la realidad y no dejarse absorber por ella,
para poder vivir en libertad y felicidad.
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Vemos la SOCIEDAD formada por grupos de personas en interacción constante
que caminan hacia horizontes de felicidad diversos.
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Concebimos al ALUMNO como un ser en proceso hacia el desarrollo de sus
propias capacidades, protagonista de su educación y componente principal de
la Comunidad Educativa.
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Creemos que el EDUCADOR es una persona que confía, convive y dialoga en la
Comunidad Educativa, que se mantiene en constante actitud de búsqueda, de
formación e información y es animador de su grupo de alumnos.
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La COMUNIDAD EDUCATIVA es para nosotros un grupo que se va haciendo
progresivamente en el intercambio mutuo y en el empeño común. En esta
comunidad aceptamos que haya distintos niveles de integración dentro del
respeto al Carácter Propio del Centro.
Sistema de
valores en el que queremos educar.
Nuestro estilo
educativo nace del Evangelio de Jesús y de la intuición pedagógica de Joaquina
de Vedruna.
Queremos hacer vida nosotros y destacar en nuestra tarea educativa los
siguientes rasgos fundamentales: solidaridad, amor, paz, justicia, libertad,
verdad y profesionalidad.
Principios
básicos para la organización escolar.
La organización
escolar será coherente con los valores en los que vamos a educar y se regirá, en
consecuencia, por la "normas" establecidas dentro de nuestro sistema de valores.
Se fundamentará en el principio básico de la corresponsabilidad de todas las
personas que integran la Comunidad y que intervienen en el proceso de enseñanza
- aprendizaje.
Se regirá en todo momento por el valor nuclear de la JUSTICIA, como un sistema
que permita el profundo respeto a las personas.
Será una organización abierta y flexible, funcional al servicio de las
personas, de su individualidad, de su realidad y de sus necesidades profundas.
Debe ser cauce y clima para el aprendizaje de la libertad.
Será medio para facilitar y potenciar la relaciones interpersonales y para
desarrollar y abrir vías, tiempos y caminos para la comunicación y la
participación responsable y solidaria.
SERVICIOS EDUCATIVOS
NIVELES QUE IMPARTE EL CENTRO
SERVICIOS
RELACIONADOS CON LA FORMACIÓN CRISTIANA
Existe
un proyecto de pastoral donde se trabajan los temas relacionados con la
concienciación de nuestros alumnos en temas como la solidaridad y educación en
valores.
A lo
largo del curso realizamos convivencias con
los alumnos de E.S.O. en los períodos
importantes que a lo largo del año hacen referencia a la vivencia de la fe.
SERVICIOS RELACIONADOS CON LA FORMACIÓN PEDAGÓGICA
En
nuestro colegio tenemos un servicio de Logopedia y Pedagogía Terapéutica y un
gabinete psicopedagógico a disposición de alumnos, y también de los padres,
ya que se realiza una Escuela de Padres, donde se tratan los problemas
relacionados con la educación de sus hijos.
También
contamos con un aula de Tecnología, un aula de informática, laboratorio, un
aula de música, gimnasio, sala de vídeo, salón de actos y biblioteca.
OTROS SERVICIOS GENERALES
Contamos
con el servicio de comedor y de transporte escolar, este último a cargo de
A.M.P.A.

Todo
por amor, nada por fuerza.
Joaquina de Vedruna
Santa Joaquina de Vedruna
Su Vida
Joaquina de Vedruna, una mujer que recorrió los caminos de su mundo con una
carga de humanidad hecha transparencia de Dios, por este vivir suyo de cara El,
aún en las circunstancias más extrañas de su vida.
Nació en Barcelona el 16 de abril de 1783. La quinta entre ocho
hermanos, compartió con ellos una educación austera, rica en aquellos valores
que dan garantía a una personalidad destacada. Desde niña amó la vida,
la naturaleza, el trabajo. Observando las cosas pequeñas y tratando con
ellas, aprendió a hablar con Dios. A los doce años pidió el ingreso en
un convento de Carmelitas Calzadas. Mientras esperaba el plazo para ser
admitida, obedeciendo a sus padres y creyendo cumplir la voluntad divina, casó
con Teodoro de Mas, con quien convivió en perfecta sintonía de ideales.
Tenía entonces 16 años. Tras un primer momento de angustia, halló una
nueva manera de entregarse a Dios viviendo con toda lealtad su condición de
esposa y llegando a ser madre de nueve hijos.
Asumió la plena responsabilidad de su hogar cuando a los 33 años quedó
viuda con escasos medios económicos y seis hijos que situar en la vida.
Sus deberes familiares y la situación política de España en aquel entonces,
le dieron no pocas preocupaciones y sufrimientos: la educación y
colocación de sus hijos, estrecheces económicas, juicios por cuestiones de
herencia, persecuciones políticas, destierro, separaciones... Todo lo vivió a
la luz de una experiencia divina abandonada siempre al querer del Padre. "Penas
nunca me faltarán, gracias a Dios", escribía, convencida hasta el
extremo de que "aquel Padre de Misericordias todo lo hace bien".
Cuando crecieron sus hijos juzgó ser el momento de entrar en el claustro,
pero el encuentro providencial con el apóstol capuchino P. Esteban de Olot,
orientó sus aspiraciones hacia la fundación de un Instituto con fines
apostólicos: educación y salud.
El 26 de febrero de 1826, asociada a nueve compañeras, fundaba en Vic, en su
casa del Manso Escorial, el Instituto de Hermanas Carmelitas de la
Caridad. Las Hijas de la Madre Vedruna entraron muy pronto como personal
sanitario y asistencial en los hospitales y casa de caridad y fueron las
primeras maestras rurales religiosas con las que contó la Iglesia española.
El mapa de Cataluña se abrió ante ella como una primera invitación.
Los pueblos e incluso la capital, son testigos de la expansión de su
obra. Joaquina percibe tanta necesidad de presencia y servicio en el mundo
que que vive, que "quisiera remediar las necesidades de todos los
pueblos".
Este primer impulso expansivo quedó frenado por la guerra. En julio de
1840 la Fundadora con algunas hermanas tuvo que emprender el amargo camino del
destierro hacia Francia. Permaneció en Perpignan hasta septiembre de 1843
en que pudo volver a pasar la frontera española. Encontró su obra
sacudida por la guerra y la dificultad pero fiel. Reorganizó el
noviciado, rehizo las comunidades y alentó a cada religiosa. Cada día se
le van uniendo nuevos miembros para consolidar su obra. Con mirada
sobrenatural y entrañable ternura escribió luego: "Aunque ha
pasado un tiempo muy malo Dios ha cuidado de nosotras como se cuida de los
pájaros... Todo esto nos da a todas nueva vida y fuerzas para continuar con lo
comenzado".
Joaquina de Vedruna asistió lúcidamente al declive de su vida. Sus
dos últimos años sobre un sillón de ruedas, con dificultad de expresión y
aparente pérdida de facultades manifiestan y significan la fecundidad del grano
de trigo que muere. El 28 de agosto de 1854 alcanzada por la epidemia de
cólera moría en Barcelona. Dejaba el Instituto extendido por siete
diócesis, con 26 establecimientos y unas 150 religiosas; un noviciado en
marcha, una legislación completa con la aprobación diocesana y un espíritu
bien definido y luminoso.

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